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Foto Sebastián Arpesella

Mandatos y estereotipos que se van rompiendo gracias a la fuerza colectiva de las mujeres, hoy los pelos grises y blancos, con cortes bob o hasta la cintura, hablan de nuevas libertades y sentires, donde lo que se privilegia es el deseo. Mercedes Morán y Claudia Piñeiro son algunas de las que se animaron a quebrar moldes junto a otras miles que cuentan su transición en Instagram. Porque, hay que decirlo, dejarse las canas no es tan sencillo. 

En marzo de 2020, cuando era inminente una cuarentena estricta para desacelerar los contagios de coronavirus, Carola Birgin, 46 años, porteña, se estockeó con el mismo pomo de tintura cobriza número 6.4 que usaba desde hacía 23 años. Pero pasaron los meses y nunca lo abrió: “Lo fui postergando. No fue una decisión dejar de teñirme ni me gustaba cómo me quedaban las raíces pero no tenía ganas y sentí que tenía que ver con el contexto que estábamos viviendo. Fue un proceso muy difícil porque hay momentos en los que queda muy feo, pero me lo banqué. Hasta que 14 meses más tarde algo se acomodó: fui a la peluquería, pedí que me quitaran la parte teñida y cuando terminó de cortarme vi el piso sembrado de rulos rojizos que para mí ya eran de otra persona y en el espejo, canosa y con pelo corto, estaba finalmente yo”.

La de Carola no es una historia aislada. Si bien siempre hubo mujeres que lucieron con orgullo sus canas, durante la cuarentena, mientras un virus respiratorio potencialmente letal desencadenaba una pandemia de dimensiones dantescas cuyo principal antídoto era no salir a la calle, en el encierro muchas decidieron descubrir qué ocultaba la tintura o simplemente se entregaron a su devenir natural, a razón de un centímetro al mes.

“La cuarentena nos obligó a enfrentarnos con nosotras mismas”, dice Nathalie Puex, doctora en Antropología Social y docente de FLACSO que en sus redes se define como “exploradora de tendencias”.

“Si bien dentro del mundo occidental la cana estuvo asociada siempre a las mujeres grandes -agrega- es muy interesante que, paradójicamente, la liberación sexual en Europa en los 60 estuvo acompañada de un gran desarrollo de la industria cosmética y, desde entonces, las mujeres empezaron a teñirse cada vez más”.

Sesenta años después, dice, las mujeres “tenemos otras maneras de pensarnos dentro de la sociedad, vivimos más tiempo, ocupamos posiciones más centrales y tenemos otros objetivos en la vida que nos hicieron desdramatizar que el entorno pueda vernos con canas”.

Pero para la antropóloga “lo más interesante del fenómeno es que son las mujeres de entre 30 y 40 años las que les dicen basta a la tintura y están traccionando a las más viejas que las ven y dicen: ellas pueden por qué yo no”.

A veces sí; a veces, no

Para la escritora Claudia Piñeiro, 61 años, autora de La viuda de los jueves, Betibú, Tuya, ganadora de prestigiosos premios internacionales, entre ellos, el Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón por su libro Catedrales, esta revolución plateada es el fruto de un logro colectivo.

“Se va dando porque, por suerte, lo que en realidad se va dando es una exigencia menor con el cuerpo en todos los sentidos. Y cuando empezás a ver un montón de mujeres que empiezan a liberarse y hacen alarde de sus canas te sentís más protegida por el conjunto, que es lo que pasa con el movimiento feminista, y decís: ¿por qué no yo?”.

Es que no se trata de canas o muerte. “Lo mejor que trae esta tendencia, si la queremos llamar así, es que las mujeres pueden elegir”, dice Juan Cervantes, Educador de L´oréal, que dicta capacitaciones sobre los productos en peluquerías del norte del país y la Patagonia.

Tiene que ver con un cambio de paradigma respecto a la imagen de la mujer -agrega- que se las deja o se las saca porque se siente bien con esa elección”.

Así como en Argentina anticipamos el comportamiento del coronavirus en nuestro país observando lo que ocurría en Europa unos meses antes, Cervantes dice que fue allá, donde “grandes referentes o mujeres muy expuestas como Sara Harris, la directora de la versión británica de Vogue, que tiene 36 años, eligieron dejarse las canas e inspiraron a aceptar los procesos naturales que atraviesan las mujeres”.

Desde la duquesa de Mónaco a la reina Letizia o íconos de belleza como Jane Fonda, que irrumpió en una gala de los Oscar con su cabello plateado, o la actriz Andie MacDowell que lució sus canas en Cannes, el firmamento internacional comenzó lentamente a derribar la costumbre cruel de tildar como “granny hair” (pelo de abuela) al pelo blanco de las mujeres y como “silver fox” (zorro plateado) al de los hombres.

Para Carola Birgin, que además de flamante canosa es periodista y editora de moda, la llamada generación perennials (término acuñado por la escritora estadounidense Gina Pell para definir a personas creativas que viven el presente en aprendizaje continuo y que no se identifican con la calificación binaria de joven/viejo) vino acompañada de dos “tendencias fuertísimas”: “Por un lado la reivindicación del rol de la gente mayor, que la colocó en un lugar mucho más aspiracional y cambió el foco de la mirada hacia las mujeres canosas y, por otro, la tendencia de los no estereotipos de belleza, junto con la ola de la revolución feminista”.

Así, dice, apareció la llamada generación silver “de mujeres grandes, hermosas, vitales, con pelos blancos que se pusieron de moda. Porque hoy las tendencias surgen desde la sociedad: si antes en las Semanas de la Moda se bajaba lo que había que usar, ahora las marcas se fijan qué se usa en la calle y lo imponen. Y esto de las canas es algo que se originó en la calle”.

“Ocupamos posiciones más centrales y tenemos otros objetivos en la vida que nos hicieron desdramatizar que el entorno pueda vernos con canas”. (Nathalie Puex, doctora en Antropología Social)

“Cuando empezás a ver un montón de mujeres que empiezan a liberarse y hacen alarde de sus canas te sentís más protegida por el conjunto, que es lo que pasa con el movimiento feminista, y decís: ¿por qué no yo?”. (Claudia Piñeiro)

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Las famosas que se animan

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Si bien en Argentina se trata de una preferencia que avanza, todavía son pocas las mujeres famosas que eligen su pelo al natural. Una de ellas es Mercedes Morán, que en 2016 se dejó la cabeza blanca cuando el director chileno Pablo Larraín, que la había convocado para interpretar a la compañera de Pablo Neruda, le dijo que era demasiado joven para el papel.

“¿Qué ironía, no? una actriz perdiendo un papel porque da joven” -se ríe Morán-. “Así que me preguntó si tendría inconveniente en decolorarme, le dije que no, y eso me permitió empezar a ver el crecimiento de mis canas y observar cómo eran, que era mi gran curiosidad”.

Para ese entonces hacía tiempo venía con la idea de cortar la dependencia con la tintura: “Siempre lo había fantaseado, primero porque las mujeres grandes canosas me parecían hermosas, y después porque viajando por el mundo descubrí que en determinado momento se dejaban sus canas con los pelos largos, pero veía que acá todavía estaba asociado con el avejentamiento”.

Gracias al personaje de Delia del Carril empezó a darle rienda suelta a sus canas: “Desde entonces soy muy feliz y no recibí nada de todo aquello que temía, a pesar de que en la cultura todavía sigue muy fuerte esa idea de que las canas a las mujeres las envejecen y a los hombres las ponen más elegantes”.

Y si bien la lupa de la exposición amplifica las exigencias de belleza uniforme y juventud eterna, poco a poco, algunas artistas locales como la actriz Cecilia Dopazo, la conductora Carla Conte y la ex modelo y cantante Carolina Peleritti se atrevieron a romper el tabú de llevar sus pelos blancos o grises, tal y como crecen.

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Todas estas mujeres ayudan a derribar la costumbre cruel de tildar como “granny hair” (pelo de abuela) a las canas de las mujeres. Mientras que las de ellos, cuándo no, son “silver fox” (zorro plateado).

“Lo que se ve es la reivindicación del rol de la gente mayor y la tendencia de los no estereotipos de belleza, junto con la ola de la revolución feminista”. (Carola Birgin)

Un mar en transición al gris

En agosto de 2019, cuando la posibilidad de una pandemia todavía hubiese parecido un delirio futurista, la arquitecta María Laura Pampin empezó a buscar en Instagram mujeres canosas: “Yo era muy perseguida: que se me viera una cana me parecía un horror y llevaba una sombra en la cartera para retocarme si aparecía un brillito. Y para mantenerlo me teñía cada 15 días en casa para no depender de la peluquería. Hasta que entendí que lo que odiaba en realidad eran las raíces y que para no tenerlas más, tenía que dejar de teñirme. Por eso empecé a buscar a otras que estuvieran en la misma y cuando la ví a Sasa con las suyas blanquísimas dije si ella puede yo también”.

“Sasa” es Natalia Borgoglio, Magister en Marketing y Comunicación, que abandonó la tintura por cansancio: “Eran entre 4 y 7 días de prolijidad y después se me veía la raíz o se lavaba el color; y en las vacaciones no me metía al mar para que no se me fuera. Me teñí durante 20 años y me había prometido dejar de hacerlo a los 50 pero cuando estaba por cumplir 40 me di cuenta que no iba a soportar 10 años más. Empecé a seguir cuentas en redes de afuera porque acá no había nada todavía y pensé si todas estas mujeres lo pudieron hacer y son felices, es que hay otra posibilidad para mí”.

Juntas, en enero de 2020 se propusieron crear remeras con frases inspiracionales para mujeres canosas pero como los planes de casi todo el planeta, en marzo de 2020, ese también se frustró. Entonces, en lugar de remeras crearon en Instagram “Sí, son canas”, una cuenta donde suben testimonios, recomendaciones para sobrellevar la transición, cuidados específicos pero, sobre todo, un espacio amoroso para compartir experiencias personales.

“El proceso de dejarse las canas -dice Borgoglio- toca muchas emociones, muchas inseguridades, y eso hace que necesitemos ese acompañamiento. Darse cuenta de que hay un montón a las que les pasa exactamente lo mismo es genial porque decís no soy solo yo”.

Un año y medio después, lo que sucedió con la cuenta las sorprendió: “Nosotras pensábamos que íbamos a ser 150 canosas divirtiéndonos y nos pusimos felices cuando llegamos a mil. Hoy somos casi 23 mil”.

Así como en Estados Unidos @Silverdisobedience, el movimiento contra la discriminación por edad que incluye pero va más allá de las canas, tiene 183 mil seguidores, o @SilverSistersInternational, que abona a “una hermandad de mujeres plateadas” que alcanzó los 26 mil, en Argentina la avalancha frente a la iniciativa de Borgoglio y Pampin inspiró la aparición de otras comunidades como @Silverargentina pero, es seguro que con el tiempo cada vez aparezcan más.

Frente a este fenómeno, Lala Pasquinelli, canosa desde hace una década y fundadora del proyecto Mujeres Que No Fueron Tapa que busca exponer la forma que la cultura masiva reproduce y construye estereotipos de género, dice que “así como teñirnos no solo tiene que ver con nuestro pelo, dejar de teñirnos tampoco”.

“No podemos ser tan inocentes -agrega- de pensar que los rituales de belleza tienen que ver solo con la belleza: tienen que ver con el poder de control sobre nuestros cuerpos como territorios controlados por estos dispositivos que están normalizados desde la infancia”.

Por eso, más allá del pelo, para Pasquinelli las canas merecen doble celebración: “Porque son la expresión de una transformación mucho mayor que consiste en nosotras rompiendo con rituales que nos han encarcelado por tanto tiempo”.

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Somos la #MareaPlateada
Porque tenemos deseos y sueños,
porque a pesar de los años, las arrugas y las canas tenemos proyectos
porque simplemente queremos vivir nuestra vida como lo decidamos.
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porque ya #Nuncamassolas
Seguimos avanzando, juntas, porque a pesar de los años, las arrugas y las canas tenemos proyectos y queremos hacerlos realidad.
porque seguimos abriendo caminos.

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Por: | Publicada: 20 de agosto, 2021 | Categoría: Vivir bien
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  1. Ana Maria Mazzeo 24 agosto 2021 at 12:03 - Reply

    YO ME MIRO AL ESPEJO Y ME DIGO …. “AMO MIS CANAS” …. PORQUE AMO MI “HOY”

  2. Bartolucci Cristina 25 agosto 2021 at 20:57 - Reply

    Estoy con mi pelo o sea mis canas desde 2014. Me resulta muy artificial ver caras y cuerpos maduros y pelos impecablemente oscuros. Aún con nuestras canas debemos cuidar el pelo, tener cortes que nos favorezcan
    Como siempre

  3. Laura Graciela Maruschak 26 agosto 2021 at 13:44 - Reply

    Mis canas fueron apareciendo y como nunca me teñi, ahi estan, me,zcladas c mi pelo d color cobrizo. Tengo 59 años y luzco mis canas feliz

  4. Mabel 27 agosto 2021 at 16:45 - Reply

    En el año 2010 poco a poco deje mi cabello natural. No es gris es totalmente blanco. Costo a los ojos de los demas. Yo era y soy muy feliz. Recupere en salud y coquetería hoy tengo 67 años.

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