Elena Tchalidy votó por primera vez hace 70 años. Todavía recuerda su conmoción al ver al otro día la foto de Eva Perón emitiendo su sufragio desde su cama de enferma. Amiga de Alicia Moreau de Justo y organizadora del primer Encuentro Nacional de Mujeres, hoy preside a la fundación que lleva el nombre de la dirigente socialista.

Elena Tchalidy tiene 93 años y una vitalidad y una memoria prodigiosas que le permiten volver con sus recuerdos a los prolíficos años de su juventud: regresar por ejemplo a 1986 cuando junto a otras 44 compañeras organizó el primer Encuentro Nacional de Mujeres o a aquella primera movilización de mujeres al Congreso tras la recuperación democrática en 1984. O a la década en que fue amiga inseparable de la dirigente socialista Alicia Moreau de Justo. E incluso a aquel 11 de noviembre de 1951 en que votó por primera vez junto a millones de pares en todo el país.

“Fue algo que hacía muchísimos años que se estaba pidiendo hasta que llegó el día y a mí me tocó ser una de esas mujeres que votamos por primera vez”, recuerda Elena en diálogo con Quirón, precisamente cuando se cumplen 70 años del estreno de una ley que se había sancionado 4 años antes y que fue la primera gran victoria del movimiento de mujeres en la Argentina. 

Por entonces tenía 23 años, había cursado el doctorado en química y estaba casada con quien sería su compañero durante 45 años.

“Recuerdo que los antiperonistas decían que la ley de sufragio femenino había sido una manera de asegurarse el segundo mandato. Lamentablemente lo que ocurrió también casi al mismo tiempo fue la enfermedad de Eva Duarte”, recuerda. Sobre aquella jornada de debut electoral cuenta que se vivió con mucho entusiasmo porque “era una cosa novedosa” pero lo que realmente la conmocionó -y eso que no era peronista- “fue ver al otro día la foto de Evita votando en su cama de enferma”.

“Eva había formado ya un partido peronista femenino que permitió que por primera vez entraran bastantes mujeres al Congreso porque las listas peronistas se armaron en partes iguales para los sindicatos”. Es que además del debut del acto de votación, aquella elección nacional significó que ellas ocuparan por primera vez bancas en el Congreso Nacional: fueron elegidas 23 diputadas -15,4% del total- y 6 senadoras -20%-, proporciones que no se volvieron a repetir hasta avanzados los años 90.

De esos años, a Elena le gusta decir que “yo era feminista sin saberlo” por “las cosas que elegí hacer”.

“Según me decían en mi casa, yo a los 10 años dije que iba a ser química cuando se consideraba que las ciencias duras no eran para nosotras porque supuestamente no nos daba la cabeza. Y cuando empecé el curso de ingreso, solo el 15% éramos mujeres”, contó.

Foto DG Prensa Legislatura

Sin embargo, no fue hasta 1975, cuando conoció a Alicia Moreau, que se volvió una activa militante por los derechos de las mujeres. “Yo la conocí por mi marido socialista, cuando ella cumplió 90 años y el partido estaba muy disuelto. Alicia estaba como en retirada pero era un momento muy especial porque ya se estaba gestando la dictadura de 1976, había preocupación y ella quería hacer algo”, contó.

Las casualidades hicieron que la casa a la que se mudó ese año la dirigente socialista se encontrara en la misma cuadra del barrio de Caballito donde vivía Elena. La vecindad favoreció el vínculo de amistad, se hicieron compinches e iban juntas de aquí para allá. Muchos asumieron, entonces, que Elena era su “secretaria” o “chofer”.

“Yo tenía una camioneta carrozada muy cómoda y ahora que soy vieja me doy cuenta por qué ella la prefería a otros vehículos: los autos bajos son difíciles para subir y bajar, y yo la acercaba bien a la vereda con lo cual ella se sentaba fácilmente. Yo lo hacía porque éramos amigas, cosa que era muy difícil porque era una señora muy cerrada, a pesar de que por otro lado era una excelente oradora”.

El activismo sufragista

Uno de los tesoros de Alicia que aún conserva, es “un cuadernito con los datos de uno de los simulacros de voto” realizado en los años ‘20 como parte del activismo sufragista, “que tiene los recortes de todo lo que salió en los diarios y ella me lo dejó”.

“Yo la admiraba muchísimo pero tenía mucho cuidado en demostrárselo, porque se burlaba de los que la consideraban una gran persona”, rememora sobre su relación. Y enseguida trae a cuento el machismo que debió soportar en su propio partido: “Cuando falleció Juan B. Justo ella quedó como autoridad del Partido Socialista, pero nunca ocupó un cargo electivo. Machistas hay en todos los partidos, creo que los nuestros que eran muy buenas personas, querían el bien de todo el mundo, y trabajaban por los trabajadores, pero las mujeres siempre estábamos en segundo término. Ahora las cosas han cambiado muchísimo”.

De la mano de Alicia, Elena empezó “a conocer el feminismo que después apliqué yo directamente a mi manera de mirar el mundo y cuando terminó la dictadura, inmediatamente llamé a todas las mujeres que habíamos trabajado juntas para hacer por primera vez el acto del Día de la Mujer en público, lo que hasta entonces ocurría en lugares cerrados”.

Foto DG Prensa Legislatura

El primer encuentro

Ese 8 de marzo de 1984 centenares de mujeres organizadas en la Multisectorial de Mujeres, conformada por diferentes partidos políticos y organizaciones feministas, se movilizaron al Congreso para reclamar a los legisladores respuesta a siete reivindicaciones: la ratificación de la Convención de la ONU para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) de 1979, la igualdad de los hijos ante la ley (por entonces discriminados entre legítimos e ilegítimos), la modificación del régimen de patria potestad, igual salario por igual trabajo, la reglamentación de la ley de guarderías infantiles, la jubilación para las amas de casa y la creación de una secretaría de la mujer.

“Pedimos por siete temas y antes de los seis meses conseguimos cinco”, recuerda con satisfacción.

Al año siguiente tuvo otra gran satisfacción: fue parte de la veintena de mujeres que viajaron a la ciudad keniata de Nairobi para participar de la Tercera Conferencia Mundial sobre las Mujeres de la ONU. “El Encuentro Nacional de las Mujeres fue consecuencia de nuestra ida a Nairobi, porque encontrarse con 15 mil mujeres de todo el mundo en el África fue una cosa increíble. Cuando volvimos, primero dimos muchas charlas, pero después pensamos hacer un encuentro a nivel nacional”.

De aquel primer encuentro que dio inicio a una sucesión ininterrumpida de eventos anuales, cada año en una ciudad distinta de Argentina y cada año con más convocatoria, Elena confiesa que “pensábamos que era el único que íbamos a hacer”. Ahora piensa que una de las claves de su legitimidad es que nunca perdió el carácter de independiente, pero tampoco su federalismo y el hecho de que los varones hayan sido apartados con éxito de toda participación.

“El primero reunió a mil mujeres y cuando vinieron algunos hombres les dijimos que se fueran. Nos acusaron de sectarias y discriminadoras, pero les respondimos que ellos lo habían sido por miles de años, así que nosotras podíamos hacerlo ahora. Es que habíamos visto en otros lados que, cuando había varones, las mujeres se cohibían mucho. No queríamos que eso pasara”, contó.

Elena Tchalidy fue amiga personal de Alicia Moreau de Justo. Foto AGN

Para Elena, “cada país tiene sus propias reuniones de mujeres, pero no hay ningún otro caso que haya durado 40 años y que tantas mujeres, incluso en los pueblos chicos, hagan de todo durante el año para juntar lo necesario para viajar el fin de semana largo del 12 de octubre”.

Con sus 93 años, distinguida por la Legislatura porteña en 2011 junto con otras compañeras de la comisión organizadora del primer ENM, Elena sigue al frente de la Fundación Alicia Moreau de Justo que creó tras la muerte de su amiga en 1986. Desde ese lugar acompaña a mujeres sobrevivientes de violencia de género.

“Yo siempre he luchado por cosas que necesitaban las demás, recuerdo que  cuando hablábamos del divorcio me hacían muchas invitaciones para escribir o responder una entrevista y lo primero que me preguntaban era si yo estaba separada. Y yo me reía y decía: yo ya le avisé a mi marido que esto no era para él, que no se haga ilusiones”, cuenta risueña.

Con los años de militancia, Elena aprendió que para que los cambios se produzcan “hay que estar con la sociedad a favor” y que aquello por lo que se pelea “se convierta en una necesidad de mucha gente”.

Encantada con las últimas leyes ampliadoras de derechos, Elena no deja de asombrarse con la rapidez que se suceden los cambios, incluso los que parecen más radicales. “Las transformaciones que estamos viendo eran imposibles de pensar 50 años atrás, pero además no se dan cada 10 o 20 años, sino cada 6 meses”, reivindica.

 

 

 

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Por: | Publicada: 10 de noviembre, 2021 | Categoría: Vivir bien
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