Desde Francia hasta Esquel, un recorrido por proyectos de viviendas para personas mayores que proponen vivir en comunidad pero preservando la autonomía. Un sueño que se va materializando con iniciativas autogestivas y privadas y, desde ahora, como política pública con Casa propia-Casa activa, el programa pionero del Estado nacional.

 

Vivir en comunidad 6

Foto Facebook @LaMaisonDesBabayagas

La población del mundo está envejeciendo a paso cada vez más acelerado y nuestro país no es la excepción. La expectativa de vida aumenta y la cantidad de nacimientos se reduce.

La cantidad de años que vamos a vivir en vejez es cada vez mayor. Sin embargo, llegamos a esta etapa de la vida y nos damos cuenta de que no hemos planificado nada, no hemos decidido nada sobre los próximos veinte, treinta, incluso cuarenta años que nos quedan por vivir. Y no lo hemos hecho por falta de precaución, sino porque estamos entrenados para no pensar en la vejez.

Las soluciones que nuestra sociedad ha encontrado para el problema de la vejez son escasas y pobres de imaginación. Habitualmente el destino de las personas viejas es el de envejecer en soledad, esperar que la familia se haga cargo como pueda o, cuando las pocas alternativas se van agotando, la institucionalización en una residencia de larga estadía, comúnmente conocida como geriátrico, en donde suelen menoscabarse la autonomía y potenciarse el aislamiento y la exclusión social.

Sin embargo, alternativas superadoras son posibles. Existen proyectos que protegen y promueven la autonomía, luchan contra la soledad no deseada y trabajan en el desarrollo de vejeces activas. El desafío es  multiplicarlos. Con el impulso de la Revolución de las Viejas, el sueño está en marcha.

Proyectos concretados

Las viviendas colaborativas se definen como complejos de viviendas autónomas, independientes y con privacidad que además, cuentan con espacios y servicios compartidos entre un grupo de personas que se eligen para transitar su vejez en comunidad. Existen ya numerosos ejemplos alrededor del mundo que demuestran su viabilidad y conveniencia.

Maison des Babayagas, por ejemplo, es un proyecto de viviendas desarrollado en las afueras de París que fomenta el empoderamiento, la autonomía y la sororidad: un edificio de seis pisos con veintiún alojamientos para mujeres de más de 60 años y cuatro para jóvenes de menos de 30. Zonas comunes con talleres y actividades abiertas. Se forman en idiomas, escultura, pintura, y hasta tienen un cineclub. “Queríamos demostrar que podemos apañarnos solas”, resume Catherine Vialles, una de sus integrantes. Y lo han demostrado.

El proyecto no cuenta con personal auxiliar, administrativo o médico contratado: son las mismas mujeres las que se reparten de forma colectiva la organización y distribución de tareas. Los segundos viernes de cada mes realizan almuerzos comunitarios con familiares y amistades. Desarrollaron una comunidad que no solo resuelve la cuestión habitacional, sino también problemáticas latentes como la dependencia y la soledad no deseada.

“Con esta casa autogestionada mostramos que se puede envejecer juntas, de una forma distinta, en total autonomía y libertad”, solía decir Thérèse Clerc militante feminista que diseñó e impulsó el proyecto en el año 2013. Allí se plasmaron también proyectos a desarrollar en países como Holanda, Polonia, Alemania o Bélgica.

No es necesario irse tan lejos para demostrar su eficacia. Punta Canas es una comunidad creada en Esquel, provincia de Chubut, Argentina. A los pies de la cordillera de los Andes, un grupo de mujeres y hombres autoconvocados lograron crear un complejo de catorce viviendas para personas mayores de 60. Punta Canas cuenta con espacios comunes y servicios compartidos. Mantienen sus espacios individuales y han creado otros tantos para construir en comunidad.

Son cincuenta y tres personas de más de 60 que decidieron compartir la vejez: enfrentar las problemáticas comunes, huir a la soledad y generar espacios de colaboración mutua. El proyecto nació en 2015 y lo hizo sobre la base de sostener un envejecimiento activo y saludable con una fuerte conciencia ambiental.

En la misma provincia está La Aldea de Trelew, un emprendimiento pensado para envejecer entre amistades que busca desarrollar vejeces activas. Como docentes, muchos de sus integrantes buscan seguir brindando sus conocimientos para permanecer en contacto con la ciudadanía. El complejo desarrolla también espacios comunes para actividades colectivas. Además, posee una singularidad: sus integrantes se encuentran en diálogo con el Estado. La Secretaría de Planificación, Obras y Servicios Públicos del municipio, el área de Gestión Urbana y de Desarrollo Productivo y Asesoría Legal se acercó a la Aldea por reconocerla necesaria e innovadora.

Existen también iniciativas gestionadas por municipios en colaboración con el PAMI como la de Tapalqué, en la provincia de Buenos Aires, y la de Comodoro Rivadavia, en Chubut.

Vivir en comunidad 7

Complejo de Viviendas PuntaCanas en Esquel – Fotos Facebook @PuntaCanasEsquel

En grandes ciudades

El desarrollo del co-housing es posible también en las grandes ciudades. En CABA existe la Asociación Mutual Israelita Vidalinda. Un edificio ubicado en el barrio de Belgrano, diseñado especialmente para personas mayores. Trabajan en la interacción cotidiana y refuerzan la participación en las actividades grupales manteniéndose activos y creando nuevos vínculos.

La Revolución de las Viejas, un colectivo de más de 32 mil mujeres autoconvocadas de más de 45 años, también trabaja sobre esta tématica y posee un rol activo en su visibilización. “Tenemos un compromiso social y comunitario que no vamos a dejar de lado”, dicen mientras avanzan a paso firme en el desarrollo de proyectos concretos a lo largo y ancho del país.

En un grupo de Facebook compuesto por más de mil mujeres llamado “Alternativas para Habitar la Vejez: Viviendas Colaborativas”, La Revolución de las Viejas llegó a datos interesantes: El 98,9 por ciento de las mujeres encuestadas son autoválidas. Más del 60 por ciento de ellas está dispuesta a conocer a nuevas personas para formar parte de un proyecto colectivo y el 56 por ciento a cambiar de localidad para transitar su vejez. Todas ellas expresan su deseo de vivir en una alternativa como el cohousing. Han comenzado a organizarse en grupos según la zona geográfica que desean habitar y comparten material de lectura para seguir profundizando sus ideas y conocimientos sobre el tema.

La iniciativa estatal

Mientras los proyectos autogestionados avanzan, el gobierno nacional acaba de lanzar “Casa propia – Casa activa”, la primera acción pública en Latinoamérica de hábitat integral para personas mayores.

“Uno busca la felicidad en todo momento de la vida, también en la madurez. Hoy la expectativa de vida se ha extendido mucho y genera nuevos desafíos. Parte de la felicidad es tener un lugar donde vivir, y estar rodeado de gente que está en la misma etapa que uno”, dijo el presidente Alberto Fernández al presentar el proyecto, una iniciativa conjunta del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat y PAMI, en alianza con los gobiernos locales

El proyecto incluye la financiación por parte del Estado nacional de los primeros 100 proyectos de hábitat y viviendas colaborativas, que incluirán 3.200 viviendas con una inversión de 20 mil millones de pesos. Los barrios incluirán centros de días, actividades, sociales recreativas y de cuidado para personas mayores de 60 años, quienes podrán recibir una vivienda permanente en comodato.

“Se trata de un programa de viviendas insertas en una comunidad que propone la vejez activa, que pretende mantener la individualidad y la autonomía”, dijo Luana Volnovich, directora ejecutiva de PAMI.

La funcionaria explicó que además de las acciones que tiene que garantizar PAMI como obra social, “hay un aporte que podemos hacer y es cambiar la visión sobre el rol que tienen las personas mayores en nuestra sociedad. Cada vez vivimos más tiempo. Hoy a los 60 y 70 años una persona tiene la oportunidad de empezar una nueva etapa de su vida. El Estado tiene que empezar a aggiornarse, a pensar en nuevos dispositivos y políticas acorde a ese fenómeno. Mirar la vejez dentro de este sistema capitalista es entrar en una sociedad que opera desde el descarte, donde ser mayor es un disvalor y no un valor. Y es paradójico, porque es rechazar un espacio por el que todos y todas vamos a transitar”.

Los proyectos mencionados tienen puntos en común.: todos ellos demuestran la viabilidad de su desarrollo en pos de desgeriatrizar las vejeces y avanzar en la lucha para transitar esta etapa de la vida decidiendo cómo, con quién y dónde vivir.

 

Compartilo en tus redes

Por: | Publicada: 16 de agosto, 2021 | Categoría: Vivir bien
Etiquetas: , , , .

Notas relacionadas

Volver a Inicio

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.