Romina Rubín tiene una larga trayectoria en la geriatría y la gerontología. Dice que si volviera a estudiar, haría la misma especialidad. Elige una humorada para definir a un viejo o una vieja: “Es quien tiene 10 años más que yo”. Y aclara -por si alguien todavía no se dio cuenta- que envejecemos desde que nacemos. 

Romina Rubín – Foto @lasargentinastrabajamos.com

Se define como una mujer de perfil bajo y cuando tiene que expresar su identidad, Romina Rubín se identifica con su profesión de médica clínica, especialista en geriatría y gerontología, con una maestría en Gestión de Servicios Gerontológicos. Es la directora medica y asistencial del Hogar LeDor VaDor de la comunidad judía, una residencia de larga estadía modelo de gestión, y  vicedirectora de la carrera de Especialista en Geriatría de la UBA. Con esa trayectoria académica suena lógico que además sea la vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría.

Dice que le encanta contar cómo fue el recorrido personal que la llevó a interesarse por las vejeces. “Siempre digo que yo hice clínica primero pero que mi corazón reside en la gerontología, cada subespecialidad que decido estudiar o profundizar está vinculada. No hubo un hecho en particular, sí un momento. No sabía muy bien qué elegir cuando terminé medicina y pensé tener una mirada más general. El primer día, cuando comencé la residencia, me mandaron a geriatría, porque era un derecho de piso que había que atravesar. Los nuevos iban allí, como una especie de castigo”.

Foto @lasargentinastrabajamos.com

Pero lo que sucedió no fue ningún castigo porque apenas puso un pie en ese sector sintió que eso era lo que tenía que hacer. “Así determiné la especialidad, se me cayó el velo y la vi. Y creo que hoy, si estudiase medicina nuevamente, la volvería a elegir. No me equivoqué”, cuenta a Quirón.

La primera pregunta, entonces, es: ¿qué significa ser vieja o viejo?

Voy a contestar lo que me dijo alguien, no quiero decir paciente, porque ya no se utiliza esa clasificación, sino que fue una persona que atendí desde lo profesional, con más de 80 años y muy activo. Yo le hice esa misma pregunta y me respondió: el que tiene 10 años más que yo. Me pareció genial. En ese sentido, nunca se es vieja o viejo. Creo que, incluso en el discurso, cuando pasamos la etapa de la niñez y la adolescencia, se debe dejar de decir ellos y utilizar el nosotros para incluirnos en el grupo.

¿Cuál es el momento de entrada a la vejez? Porque en algunas ocasiones se habla de 65 años como la edad de cambio de etapa y en otras, de 60.

En realidad, para los países desarrollados es a los 65 y en los países en vías de desarrollo es a los 60. La diferencia tiene que ver con las condiciones de vida y cómo cada persona llega a esas edades. En los países en vías de desarrollo, donde los contextos son más difíciles, la gente debe acceder antes a determinados servicios destinados a las personas mayores, que es la denominación correcta según la Convención Interamericana de Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

¿No es muy amplio el rango entre los 60 hasta más allá de los 90?

Sí, totalmente. No es que se cumple una edad y es necesario consultar al especialista. De hecho, la edad no es un buen indicador para agrupar a la hora de considerar políticas o destinar servicios. Hay personas de 70 totalmente distintas en cuanto a sus necesidades. Esta heterogeneidad se amplía a medida que es mayor el grupo etario; si, por ejemplo, se analiza un conjunto de niños pequeños, seguramente será de mayor homogeneidad que un grupo de personas de 70, 80 o 90, aún más si se considera una de 60 con otra de 90. A esto se lo denomina variabilidad individual.

Hay mujeres de 65 años, muy activas, obligadas a jubilarse, o a las que no se les permite acceder a un empleo. Para algunas, puede que ese sea el momento de comenzar a desarrollar sus carreras o actividades, más tardíamente, debido a las tareas de cuidado a su cargo en etapas previas.

Es uno de los grandes desafíos, en todo el mundo. Ya no se habla de ciclo vital, que establece edades para casarse, estudiar o trabajar. Hoy importa el curso de vida, que es un concepto mucho más dinámico y contempla la libertad en el desarrollo. Actualmente, algunas de las personas que deben jubilarse por edad, podrían trabajar 20 años más. Si bien hay otras que esperan ese momento para cumplir sueños postergados. Es un reto que tenemos como sociedad y también de quienes hacemos gerontología, en cuanto a impulsar políticas a ese nivel.

Foto Gentileza Pami

Y la mirada social, ¿acompaña esos cambios?

Creo que estamos atestados de prejuicios, los que tienen que ver con las personas mayores existieron siempre. Ya se empezó el camino hacia una mirada positiva en cuanto a esta etapa y por eso debemos dejar de decir ellos para poder luchar por nuestros derechos. Capacitar también es importante, porque quizás, a algunas personas les falta información.

¿Cuáles son las perspectivas?

Se está dando una transformación cultural que acompaña. Las personas que formamos parte de este grupo envejeciente, cuando nos llegue el momento, tenemos que conocer nuestros derechos y hacerlos valer. Lo que hoy suena a chiste, mañana es mi realidad. Es una línea muy interesante para trabajar.

¿Cambió la forma de ser persona mayor en los últimos años?

Completamente. De hecho, así como vi el impacto negativo de la pandemia, por el aislamiento, algunas personas, con más herramientas, han podido acceder a la vida digital y se conectaron con un mundo que quizás antes les era desconocido.

¿Cuál es la diferencia entre geriatría y gerontología?

En principio, la gerontología es una disciplina mucho más abarcativa y amplia que la geriatría, que es una especialidad médica que se ocupa de cuestiones específicas del grupo de las personas mayores. No existe una edad para la consulta gerontológica o la atención por un especialista en geriatría, no sucede como con otras poblaciones porque no es tan claro el límite. La geriatría es una especialidad nueva dentro de la medicina, quienes más se benefician son personas mayores con criterios de vulnerabilidad y fragilidad, con patologías complejas o que viven en escenarios socioeconómicos difíciles, por lo que requieren una mirada especializada.

¿Cómo se las distingue, entonces?

A la gerontología se la menciona como un campo interdisciplinario o una transdisciplina que incluye especialidades de otros saberes, como puede ser la arquitectura, la economía, el derecho, la psicología, la terapia ocupacional. Es una especialización en aspectos vinculados a mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Se hace gerontología desde distintas profesiones. Geriatría, solo desde la medicina.

¿Envejecemos desde que nacemos?

Sí, es así. Hasta los 30 es todo capital, absoluta ganancia. A partir de esa edad, si no hay un esmero, se da una pérdida progresiva que no empieza a los 60 o 65. Por eso siempre se aconsejan los buenos hábitos: alimentarse bien, hacer ejercicio, entrenar la mente.

¿Existen tipos de personalidades que son más longevas?

Hay rasgos de personalidad: la flexibilidad, la adaptabilidad, la motivación, ser una persona inquieta. Incluso circulan cuestionarios indicadores de un buen envejecer.

Foto Gentileza Pami

¿Se puede contribuir desde la sociedad a este tránsito natural que muchas veces viene acompañado de cierto desprestigio? 

Creo que siempre se puede colaborar en todo lo que sea derribar prejuicios, en primer lugar porque se arrastran culturalmente. Existe un cambio claro de paradigma. En nuestra residencia para personas mayores, por ejemplo, creemos que la institución es un lugar para desarrollar proyectos y continuar la vida; y cada persona va poniendo su granito de arena. El trabajo en los colegios, con jóvenes y adolescentes, es fundamental.

¿Cuál es actualmente el paradigma en cuanto a la atención sanitaria?

Se generó un movimiento importante en defensa de los derechos centrado en la persona y no en la organización. Cambió el concepto de cuidado por el de un apoyo que sea para el desarrollo. Es un recorrido que ya empezó.

¿Qué sucede en Argentina con respecto al mundo en relación al trabajo institucional?

Europa está mucho más avanzada en el tema contra el uso de las sujeciones –práctica en la que se ata a alguien para su inmovilización-, Estados Unidos, también. No se puede limitar la libertad de movimiento de una persona, hay que buscar alternativas no restrictivas, en un equilibrio entre el apoyo, el cuidado y el respeto. Argentina, que ratificó la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores – ley 27360- en 2017, participó activamente, y fue uno de los países líderes en adherir.

¿Hay un término a utilizar en lugar de paciente?

No existe palabra que lo reemplace, lo que se busca es la participación y una transversalidad de acuerdos en las decisiones terapéuticas. La tendencia es que la persona a ser atendida no espere pacientemente la decisión médica.

 

 

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  • Dra. en Ciencias de la Comunicación Social. Directora de Políticas de Actualización de Conocimientos de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza.

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Por: | Publicada: 30 de octubre, 2021 | Categoría: Entrevistas
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