El Día Internacional de las Personas Mayores, que se celebra cada 1 de octubre, es una buena oportunidad para reflexionar sobre los modos de habitar la segunda mitad de la vida de manera placentera y sin perder autonomía. Dos arquitectas, expertas en planificación urbana, refuerzan la importancia de las viviendas comunitarias, un sueño que está más cerca de cumplirse. 

Tersen en Suecia es una de las propuestas de viviendas colaborativas.

Avanzan en el mundo y ojalá pronto prendan con fuerza en Argentina. Las viviendas colaborativas, también llamadas coviviendas -o cohousing en inglés- son una iniciativa para una convivencia autogestiva y solidaria una vez pasados los 50. Un concepto que propone elegir a quiénes queremos tener de vecinos y de qué manera nos gustaría encarar esa convivencia.

El concepto surgió en Dinamarca a fines de los 60 y hoy encuentran campo fértil para desarrollarse. Sobre todo, aquellas iniciativas enfocadas en la vejez. Es el camino alternativo a la residencia geriátrica, una mudanza forzada con los hijos o la soledad en casas difíciles de mantener. En estas cooperativas los viejos y viejas pueden continuar con su vida activa de forma autónoma y en compañía.

“Lo que hay que diferenciar es un producto comercial inmobiliario que aparece en el mercado creado por alguien, donde no se plantea el sentido de comunidad, respecto de las viviendas genuinamente colaborativas, que son proyectos en los cuales las personas se ponen de acuerdo en dónde vivir, cómo y qué papel va a jugar ese colectivo en relación a la comunidad más amplia, al barrio o al pueblo en el que están”, explica Graciela Falivene, arquitecta especialista en planificación urbana y regional

La escandalosa cifra de muertes y contagios que se produjeron en las residencias para personas mayores en Europa puso en evidencia los fallos de un modelo que, en la mayoría de los casos, brinda un servicio sin mirar individualidades. Como una opción superadora, surge el cohousing que se propone armar red entre pares para no perder ni autonomía ni libertad.

La huerta es un eje central de muchas de estas viviendas comunitarias.

“Es muy importante constituir comunidad. Con quién querés compartir la vida. En el geriátrico caés con quien te toca. El grupo vincular y comunitario se gesta. Las expectativas se arman en común. No alcanza con proyectar un conjunto de viviendas y meterse ahí adentro. Hay que pensar qué y cómo compartir. Además está la posibilidad de armar encuentros culturales, talleres de trabajo donde enseñarle a otros y crear una soberanía alimentaria con una huerta compartida. Es súper interesante abrir esta conversación”, sostiene Beatriz Pedro, arquitecta, magíster en Desarrollo sustentable.

Crear red

Expertas en desarrollo de coviviendas, Falivene y Pedro -quienes trabajan como docentes e investigadoras en el equipo pedagógico de la Escuela de Formación de Producción Social Autogestionaria del Hábitat Popular-, observan la importancia de que estas iniciativas no se conviertan en un gueto. “En los pueblos originarios y las comunidades, las personas mayores tienen un rol en la sociedad. Orientan y cuidan a las nuevas generaciones, les cuentan su experiencia y la historia de los lugares. Por eso, este modelo no implica encerrarse en sí mismos. No alcanza con decir me quiero ir al mar o al norte. El paisaje, el ambiente, la naturaleza son aspectos a tener en cuenta, pero también es importante la vincularidad del grupo y la integración con el entorno social”, señala Pedro.

Trabensol está en Madrid y propone prácticas de cooperación que faciliten una vida más gozosa.

Su colega se suma a esta idea de que lo saludable de estos proyectos es evitar el aislamiento: “El lugar es importante que esté cerca de un asentamiento que brinde servicios. Es clave la integración social y mantener el vínculo con la familia”.

Son muchas las ventajas de vivir junto a otros que están en la misma etapa de la vida. Los estudios demuestran que los beneficios tienen que ver con el apoyo mutuo, una mayor aceptación del envejecimiento, sensación de seguridad, menos preocupación, disminución del aislamiento social, menos depresión y soledad.

“Podés vivir con gente con la cual te llevás bien, querés mucho, con quienes generaste un acuerdo de vida y compartís la cotidianeidad. Y juntos aprenden a valorar el avance de los años”, apunta Falivene.

En el mundo

Los impulsos de “cohousing senior” son muchísimos y tomaron múltiples formatos en el exterior. La mayoría surge de cooperativas y aplica la “cesión de uso” o comodato. Cuentan con espacios comunes (jardines, comedores, lavandería, entre otros), comidas semanales en conjunto y otras actividades. Además se organizan reuniones regulares para tomar decisiones operativas entre las personas que conviven.

En España, está el reciente Residencial Santa Clara, en Málaga. “Rompemos con el concepto de residencia, acá estamos en nuestra casa y tenemos todos los servicios”, dice una de sus habitantes. Trabensol, en Madrid, es otro ejemplo que propone “alojamientos para personas mayores, que quieren vivir de una forma alternativa, introduciendo elementos de comunidad, práctica de solidaridad y cooperación que faciliten una vida más gozosa y enriquecedora”, como explica en su página web.

En Suecia funciona en armonía desde 2005 Tersen, un proyecto que tomó de base un antiguo asilo de ancianos abandonado y lo convirtió en una covivienda. “Queremos establecer un hogar para nosotros que nos permita seguir siendo independientes a medida que envejecemos. Deseamos seguir siendo necesarios para quienes nos rodean y seguir desarrollándonos como individuos. No solo queremos conocer a nuestros vecinos, queremos aprender de ellos y desarrollar nuevos intereses”, detallan en su página de Facebook.

En ElderSpirit una junta de mayores es la responsable de la organización de las actividades diarias.

Una propuesta multigeneracional es la de Lilac en West Leeds, Reino Unido. Se trata de viviendas compartidas construidas de forma ecológica. Las 20 casas y los terrenos son administrados por las personas residentes a través de una mutual que propone un modelo financiero sustentable pionero. Además, colabora dando capacitación para proyectos similares en desarrollo.

En Estados Unidos el modelo está cada vez más difundido. La experta en Diseño y Planificación Ambiental con un posgrado en gerontología, Anne Glass, llevó adelante una investigación de las tres primeras “cohouses” estadounidenses creadas -entre 2004 y 2007- para +50. Una es Glacier Circle, en California, que tiene la población con más edad, compuesta por amigos desde hace mucho tiempo, quienes en el momento de la mudanza tenían entre 75 y 91 años. El otro caso es el de ElderSpirit Community, en Virginia, con una edad media de 70, y Silver Sage, en Colorado, que apunta a mayores de 50 activos (sus habitantes tienen entre 54 y 81).

La conclusión a la que llegó Glass es que las personas residentes están felices con esta manera de habitar la vejez. Lo que más valoran es el equilibrio entre privacidad y compañerismo, apelar al humor, ayudarse unos a otros, reconocer las limitaciones y coordinar la atención y la planificación conjunta para cubrir necesidades. Y muchos agradecen la incorporación de hábitos saludables que incorporaron gracias a la influencia de sus vecinos.

La experta rescata algunos testimonios. “Ayuda estar con personas que te entienden porque están pasando por las mismas cosas”. “Todos acá tratamos de aprender a envejecer bien juntos y hace que este tiempo sea lo más rico posible”. “Nos reímos de nuestras carencias sobre la sordera y la vista y la falta de energía y fuerza y así es más fácil sobrellevarlo”. “El apoyo mutuo funciona increíblemente bien. Un vecino se rompió un brazo y me asombró cómo la comunidad se unió y colaboró. Se convirtió en el ejemplo de lo que se puede hacer”. “Hay una residente a la que admiro mucho porque es consciente de sus limitaciones y dice no puedo hacer esto, pero sí puedo hacer algo. Es útil conocer las experiencias de los demás”. “Cuando envejezca quiero estar seguro de que no voy a estar solo. Acá puedo tener tanta o tan poca ayuda como quiera”. “Es bueno saber que si necesitara algo tendría alguien a quien recurrir”.

En el país

Casos locales para citar no hay, pero sí muchas ideas en proceso. “¡Se viene el primer barrio de viviendas colaborativas! Armónicas, ecológicas y sustentables, y va a ser en la preciosa Villa Gesell”, anunció a mediados de julio la diputada del Frente de Todos, Gabriela Cerruti.

Pionero en la Argentina, el proyecto avanza junto al intendente municipal, Gustavo Barrera. Y como sumó Cerruti, la idea es “habitar nuestras vejeces con otras, en comunidad, activas, deseantes y disfrutando de cada día”.

Lo que está en marcha es el plan de viviendas en comodato para personas mayores que llevan adelante PAMI y el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat. Se trata del programa Casa Propia-Casa Activa, una política pública que ataja el problema de acceso a la vivienda que tienen las personas mayores de 60 (el 18,8% alquila) pero no se encuadra exactamente dentro de lo que se entiende como viviendas comunitarias. “En este caso, a la comunidad hay que construirla a posteriori”, observa la arquitecta Pedro.

Así todo, tiene varios puntos en común con las cohousing, al contemplar dentro de los cien complejos habitacionales programados espacios comunes como biblioteca, jardín, parrillas, gimnasio, pileta y un centro de día de PAMI.

El programa Casa Propia-Casa Activa ataja el problema de acceso a la vivienda que tienen las personas mayores de 60

Lo cierto es que si bien no hay en funcionamiento casos emblemáticos de coviviendas argentinas, sí hay muchas ideas en marcha. La Revolución de las Viejas armó un grupo de Facebook que busca impulsar “Alternativas para Habitar nuestra Vejez”. Y aclaran en la página: “No queremos ser una carga para nadie ni envejecer en un geriátrico. Vamos a disfrutar la vejez como disfrutamos la vida. Nos organizamos para vivir en comunidades, colaborando entre todas, acompañadas por el Estado”.

Gracias a esta unión se organizaron conversatorios y encuentros para impulsar proyectos de cohousing en distintos puntos del país.

Todo comienza con un grupo de amigas y amigos que se ponen a hablar sobre lo lindo que sería envejecer en compañía. No es fácil llevar adelante este tipo de sueños pero es posible. Las expertas Falivene y Pedro coinciden en que previo a la elección del terreno y la construcción es necesario el acompañamiento técnico profesional. Son cuatro los puntos claves a atender: jurídico, social, arquitectónico y contabilidad.

Antes de la mudanza hay meses de reuniones y actividades. “Todos los grupos que han creado viviendas de autogestión lo que más valoran es el proceso, a través del cual fueron generando los acuerdos y creciendo como grupo. Es tiempo ganado”, asegura Falivene.

Lo que tienen que tener claro quienes se enfrenten al desafío de planificar este anhelo, es que no se trata solo de un proyecto arquitectónico y edilicio, sino que tiene un corazón social. “No al geriátrico y no a la soledad. La idea es vivir bien y que esa cotidianeidad sea grata y nos permita desarrollarnos -concluye Graciela- Elegimos a quiénes queremos de vecinos. Y esa vecindad buscada es el origen del éxito”.

 

Escribe

  • Periodista freelance. Hizo una Maestría en Periodismo (Universidad de San Andrés-Clarín) y una Diplomatura en Marketing Digital (UTN). Ex editora de la revista Lonely Planet.

Compartilo en tus redes

Por: | Publicada: 1 de octubre, 2021 | Categoría: Vivir bien
Etiquetas: , , , .

Notas relacionadas

Volver a Inicio

cuatro − uno =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.