“Busco en mis libreros, recorro bibliografías una y otra vez, y no hay duda: el libro memorable del feminismo es El segundo sexo”, dice la autora de esta ponencia, que Quirón adelanta en exclusiva. El artículo forma parte de un libro de Editorial Marea que recupera las presentaciones realizadas en Buenos Aires en 1999, en ocasión de celebrarse el cincuentenario de la obra cumbre de Simone de Beauvoir, y que fueron recopiladas por Mabel Belluci y Mariana Smaldone. 

El 5 y 6 de agosto de 1999, desde el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género -cuya dirección estaba a cargo de la doctora Dora Barrancos- se organizaron las jornadas de homenaje a Simone de Beauvoir en el cincuentenario de El segundo sexo.

En aquellas jornadas se presentaron veintiún ponencias en total, de las cuales se pudieron recuperar once, que acaban de ser publicadas en el libro El segundo sexo en el Río de la Plata, compilado por Mabel Belluci y Mariana Smaldone, y publicado Editorial Marea.

Pese al paso de los años, estos textos recuperan una fuente inagotable de historias, memorias, enseñanzas e inspiraciones. Como adelanto, Quirón publica la ponencia de Marcela Lagarde, etnóloga y maestra en Ciencias Antropológicas por la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México  (UNAM) y Doctora en Antropología  por la UNAM.

Desde el umbral, una mirada a El segundo sexo

La orfandad simbólica de género marca a las mujeres en el mundo patriarcal. Definidas por una carencia de orígenes culturalmente representados en la filiación femenina, la mayoría es hija de mujeres en la incompletud y la subalternidad, de mujeres sin voz ni lenguaje propios, sin discurso. Mujeres del deber y la norma, la prohibición, los dogmas y las creencias. Mujeres expropiadas en sus cuerpos, en su subjetividad, objetos de opresión sexual y de explotación. En las cosmovisiones y las sociedades patriarcales, todo el género femenino es El segundo sexo. Segundo. No primero.

¿Hay un primero?… Tampoco paritario.

El segundo sexo denomina la condición inferior, secundaria y enajenada de las mujeres sujetas a opresión patriarcal en diversos contextos históricos. Es, sobre todo, el nombre de la obra  emblemática  del  feminismo. En  ella,  Simone de Beauvoir realizó la crítica deconstructiva más radical al pensamiento y a las prácticas subjetivas y políticas tradicionales y alternativas de la primera mitad del siglo XX. Abarcó lo acuñado durante el siglo que la precedió. Esta obra fue escrita entre 1946 y 1948, la enmarcan la posguerra y la Guerra Fría, es posrevolucionaria en relación con el socialismo, y en el tiempo biográfico de su autora, es una obra de madurez. Al trabajar en ella, Simone de Beauvoir, formada en la ideología y la práctica de la razón, el saber y la política masculinas, cambió radicalmente desde una pretendida neutralidad identitaria y se posicionó intelectual y afectivamente como mujer. Esta experiencia vital, su indagación sobre la problemática de género, así como el análisis crítico de su cultura ilustrada y de su definición política, la condujeron a crear otra interpretación y construir otra opción política desde la izquierda.

Simone de Beauvoir en Beijing.

Simone de Beauvoir en Beijing.

Contiene El segundo sexo la palabra y la escritura de una mujer excepcional y una visión singular sobre las mujeres y el imaginario ideológico sobre las mujeres. En este libro Simone de Beauvoir reúne y analiza mitos, creencias e ideologías. Muestra cómo a través de la cultura, sabios, profetas, científicos, artistas, políticos y revolucionarios han pretendido nombrar a las mujeres y crearlas sometidas conforme a requerimientos de sus intereses en diversos órdenes socio-políticos. La sabiduría, las profecías, las teorías, las obras de arte y las utopías han armado un montaje sólido, pero montaje al fin, para designar, normar y controlar a las mujeres como género, colocarlas en un sitio inferior o marginal en la sociedad y coartar su libertad y sus posibilidades vitales.

Pero El segundo sexo es mucho más. Es el viaje identitario de Simone de Beauvoir en pos de analizar la condición femenina desde la razón y, al mismo tiempo, una resignificación de su propia condición de mujer y de su razón. Conocer a las mujeres a través de la cultura fue el camino elegido. Y de inmediato se encontró con el monopolio del pensamiento y la creación masculinas como intermediación entre ella y las mujeres. Las representaciones simbólicas, aún las más avanzadas, tenían una impronta misógina. En su búsqueda, encontró los discursos y las pautas de vida inventadas por hombres patriarcales para normar a las mujeres y hacer creíble que se trataba de mandatos divinos o determinaciones de la naturaleza. Por eso, adentrarse en las páginas de El segundo sexo permite analizar el pensamiento político, laico y religioso de intelectuales orgánicos sobre las mujeres y el hecho femenino, creadores del pensamiento único y la verdad política homogeneizadora de la diversidad de las mujeres. Presenciamos la artesanía intelectual de la simbolización en la mujer que suplanta a las mujeres y obliga a acceder a ellas a través de esa representación.

Los revolucionarios patriarcales y el sujeto

La bata roja. Fotografía: Jack Nisberg / Roger-Viollet / TopFoto

El segundo sexo condensa una crítica de género feminista al pensamiento tradicional y al pensamiento crítico. Para ello, los referentes intelectuales de la visión del mundo de la autora fueron sometidos a un análisis extraordinario. Simone de Beauvoir analizó los planteamientos más avanzados de diversas disciplinas y campos científico-ideológicos en torno a las mujeres, a las relaciones entre mujeres y hombres y, sobre todo, las explicaciones legitimadoras de la opresión genérica. Para construir una visión alternativa, realizó la crítica de teorías sobre la evolución, la genética, la fisiología y la neurología, y demostró la falacia del naturalismo legitimador de la desigualdad entre mujeres y hombres. Nuestra autora analizó teorías y postulados claves del psicoanálisis y evidenció su androcentrismo y la imposición analítica, terapéutica e identitaria del modelo masculino sobre las mujeres. Resaltó la contribución psicoanalítica a la hetero designación y la invisibilidad de las mujeres debida a la negación de su especificidad sexual y subjetiva. Sometió a análisis crítico al marxismo clásico tanto en su visión histórica como en su dimensión revolucionaria y utópica, y mostró su determinismo clasista y masculinista.

Al reunir esos ejes del conocimiento Simone de Beauvoir dio cuenta de las conexiones profundas e invisibles entre ellos y planteó la intertextualidad de dichas concepciones articuladas en una cosmovisión crítica y paradigmática de la modernidad, en el pensamiento y la política de Darwin, Freud, Marx y  Engels.  Concluyó que más allá de sus diferencias y de la autonomía de su creación intelectual, todos confluyeron en la construcción filosófica, científica y política del sujeto, protagonista exclusivo de su paradigma: de la evolución y la cultura, la sexualidad y el deseo, de la sociedad, la historia y la política. El sujeto universal, era solo particular, masculino y patriarcal: hombre, occidental, blanco, adulto, jerarquizado y excluyente, definido por el poder y la violencia. Hizo ver Simone de Beauvoir, que la existencia de ese sujeto implica la alteridad no recíproca, al reducir a la mujer como lo otro, la otra, y desvalorizar, invisibilizar y excluir a las mujeres como sujetas de la historia y la política, de la razón, la palabra y el deseo, es decir, de la cultura, así como de su existencia en el mundo.

Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre en Senegal en 1950. La pareja tuvo una relación abierta de por vida. Fotografía: PhotoQuest / Getty

El texto testimonia una tenaz confrontación interior y dialógica de una filósofa europea moderna, emancipada, laica y militante de izquierda, con los discursos que sus- tentaron su concepción crítica del mundo y dieron vida a sus afinidades intelectuales y políticas. Simone de Beauvoir estiró su visión histórico-crítica, marxista y psicoanalítica y se apoyó en la antropología para fundamentar sus ideas sobre la diversidad y la equivalencia entre personas, pueblos y culturas. La pregunta original “¿Qué es ser mujer?” puso en juego todo ese bagaje y la condujo a desmontarlo y salir con una visión compleja, renovada, distinta. Este tránsito la hizo desmarcarse de sus compañeros de vanguardia. Simone de Beauvoir dio el paso de género que ellos no dieron, y se colocó en otro lugar.Su obra tiene un valor paradigmático porque fue creada desde su posición de mujer. ¡Su mirada y su saber construyó ese lugar simbólico y existencial!, y nos conducen a él. En ese proceso es perceptible cómo fue definitoria la identificación con su género en sus resultados intelectuales. Había partido distanciada, y con supremacía esgrimió el argumento de no haber vivido opresión como mujer, para no sentirse incluida en el género. Incluso escribió “me hubiera sorprendido y hasta irritado si a los treinta años me hubieran dicho que me ocuparía de problemas femeninos y que mi público más serio serían mujeres. No me arrepiento. Divididas, desgarradas, inferiorizadas, para ellas existen, más que para los hombres, apuestas, victorias, derrotas. Me interesan; y me gusta más tener a través de ellas un alcance limitado, pero sólido, sobre el mundo, que flotar en lo universal”.

Al denunciar el destino patriarcal y mostrar la diversidad de rupturas con ese destino y, al situarse en su particularidad, se aproximó a las mujeres y se ubicó en el género. Perdió la ilusión de universalidad y por eso es reconocida como una (la) voz disidente, emancipada y libertaria, y, por ende, positiva de las mujeres.

En su análisis del marxismo Simone de Beauvoir se limitó a los clásicos del XIX no incluyó la vertiente marxista de Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Alejandra Kollontai. Eliminó a las marxistas, a pesar de sus afinidades, y de conformar con ellas una red filológica. Cito algunas afinidades entre Simone de Beauvoir y Alejandra Kollontai: su definición política, el análisis histórico-crítico de género, la centralidad de la sexualidad en la condición de género, la voluntad de construir identidades afirmativas para las mujeres, la especificidad de la lucha de las mujeres, la libertad y la autonomía de cada mujer como hitos en la construcción de alternativas. Tal vez Simone de Beauvoir no leyó a Alejandra Kollontai, pero es posible que silenciara la autoría de esos aportes al marxismo y a la construcción del socialismo y del feminismo, como Gayle Rubin omitió citar a Simone de Beauvoir en The traffic in women: Notes on the political economy of sex (1975). Por esa omisión, Rubin es considerada la creadora de las bases de la perspectiva teórica de género. Basta comparar la crítica de Rubin al psicoanálisis, al marxismo y a las creencias biologicistas, para encontrar la huella de Simone de Beauvoir.

Sintonía

La lectura de El segundo sexo permite escuchar la asintonía feminista de Simone de Beauvoir con su cultura. En cada renglón avanzan el desencuentro, la objeción, la negación y la desautorización de las sabias verdades sobre las mujeres. Ese desentonar con el pensamiento patriarcal desde una razón feminizada en la confrontación, condujo a nuestra autora a la sintonía con las mujeres. Página tras página avanza la búsqueda de personajes literarias o míticas, de escritoras y sus textos, de luchadoras por la causa de las mujeres que construyen otra razón, que tienen otro sentido de la vida, otras verdades y otros valores, y legitiman el desencuentro no solo intelectual sino práctico con los otros y con el mundo.

En La experiencia vivida (la segunda parte, Tomo II, de El segundo sexo) Simone  de  Beauvoir  opta por el recorrido antropológico del ciclo de vida y muestra la desidentificación con los deberes de género asignados a las mujeres desde el nacimiento hasta la tumba, por edades y estados sexuales y sociales. Toca lo más hondo. La opresión no es externa a las mujeres: la condición tradicional hace daño a las mujeres, las anula y enajena a través de la sexualidad diseñada como política de sujeción. Así, desmitifica la maternidad, la relación conyugal dependiente con los hombres, el amor, el matrimonio, la vida familiar, y la felicidad enajenada. Simone de Beauvoir analiza las maneras en que cada una de esas experiencias mutila la autonomía de las mujeres. Centra cualquier alternativa desenajenante, en una sexualidad que no obligue a la dependencia, y en el rechazo a la maternidad y la conyugalidad mutilante. Propone la autosuficiencia práctica, concreta y la autonomía subjetiva -aún para vivir la maternidad, el eros y el amor-, y subraya la urgencia de libertad de las mujeres para usar su tiempo y su inteligencia en su propia vida.

La síntesis filosófica radical de Simone de Beauvoir está en la necesidad de la libertad de género, específica para cada mujer. Esta necesidad surge de la objeción ética y filosófica al mundo y a la propia condición patriarcal, y se asienta, sobre todo, en su objeción existencial: es posible no ser mujer a la manera patriarcal, cambiar, e incidir en la propia vida y, al hacerlo, impactar la sociedad, la cultura, el mundo. La libertad para Simone de Beauvoir es el núcleo del sentido de la vida. No se trata de la libertad tradicional, ni siquiera de la libertad existencialista, aunque se basa en sus principios. La suya, no es una libertad neutra. La libertad consiste en decidir dejar de ser lo que enajena, oprime y coloca a las mujeres como objetos inmanentes y les impide ser sujetas trascendentes. Ser libres es, para nosotras, realizar la voluntad de ser individuas afirmadas y autónomas.

Ser mujer

En El segundo sexo, Simone de Beauvoir respondió con maestría a la exclusión ideológico-política de las mujeres de la historia y de la condición humana: “No se nace mujer, llega una a serlo”. Esta sola frase es ya una clave paradigmática de la crítica a la verdad patriarcal y a la historia de opresión genérica; es frase capitular de otra historia desde una perspectiva de género. Y es frase condicional y utópica: si llega una a serlo. Una, es a la manera de un orden, de un mundo. Pero la condicionalidad, si llega, marca la diferencia con el destino patriarcal. Simone de Beauvoir afirma que es posible ser mujer de otra manera. Y, nos coloca en otra dimensión, en otra historia. Por las páginas de El segundo sexo transitan mujeres descubiertas aquí y allá que no han sido de la manera natural, destinada. Han sido diferentes: incumplidas, desobedientes, incapaces, contradictorias, subversivas. Su recuento es parte de la misma búsqueda de otras mujeres como Sor Juana, quien siglos atrás, evocó en su genealogía bíblica a mujeres que fueron de otra manera, semejantes en su desobediencia y avidez de conocimiento, en la defensa de su autonomía y en su manera de ser autoafirmada.

El esfuerzo arqueológico en busca de ancestras o contemporáneas diferentes es constante en la afirmación identitaria de género entre feministas, para descubrir que hay otras realidades negadas y desconocidas. Nombrarlas, autorizarlas, produce en las mujeres fascinación de autoestima de género y goce de amor propio, al experimentar la semejanza en la transgresión y la reivindicación de la mismidad.

La paradoja

En las primeras líneas del libro, Simone de Beauvoir advierte que no es feminista, se desmarca del feminismo, de las mujeres y de ella misma como mujer, a la usanza misógina defensiva, que evidencia su dolor de género, y emprende la escritura de un libro-raíz de la cultura feminista y de la cultura universal del umbral del milenio. La paradoja original del texto es imborrable. Pero basta dejarnos conducir por la autora y, como sucede a tantas mujeres, la vemos transfigurarse y entrar de lleno en la experiencia y la textualidad feministas. Había pasado incontables mañanas y tardes durante dos años investigando y consultando fuentes, libros y escritos en la biblioteca. La redacción del texto en los cafés y sus vivencias de esos días, crearon en ella un estado de hiperconciencia, desde el cual miró a las mujeres próximas, se reconoció en ellas, indagó en sí misma, para reubicarse y resentirse mujer y feminista. La travesía por El segundo sexo nos permite a las mujeres compartir de cerca la metamorfosis deconstructiva de una semejante y sentir su complicidad. Y desde luego, aprender de ella.

El segundo sexo puede conducir a hombres no convencionales, a encontrar en la intimidad de la lectura, otra manera de ver y analizar, otras razones y una perspectiva de género alternativa, compartir y desarrollar afinidades. El simple hecho de destinar tiempo y atención al texto y al género y a esta (una) mujer, coloca a cualquiera frente a sí mismo. Escuchar la objeción, la no aceptación, las preocupaciones, los deseos, las expectativas y los avatares de las mujeres, expuestas con la elocuencia, la sabiduría y la autoridad de Simone de Beauvoir, que da voz a las otras y expone hechos conocidos desde otra perspectiva en tomo al mundo –las normas y las relaciones entre mujeres y hombres, la pareja, el amor, la familia, el Estado, la política, la cultura y mucho más–, puede contribuir a plantear a los hombres opciones insospechadas. Su lectura, abre la conciencia sobre cuán mutiladas son las alternativas que no ven en la opresión de las mujeres y en la supremacía masculina una problemática propia. Ahí se encuentra la convocatoria a la impostergable transformación de su condición masculina, sus acciones y sus identidades.

Libro-hito

El segundo sexo es emblemático,  porque en él, Simone de Beauvoir rehizo la memoria y apuntaló la conciencia como portadora de huellas, marcas y claves transgresoras de las mujeres en Occidente. Trazó una nueva visión de la historia con las mujeres y dio autoridad a mujeres del pasado y el presente. Su valor está más allá de sus descubrimientos e innovaciones, sus lagunas y conocimientos superados. Está en la capacidad de Simone de Beauvoir de autoconocimiento y de indagación sobre el mundo, y en su incidencia en ese mundo y esa vida. El peso ético de El segundo sexo radica en la concordancia de la autora entre su visión liberadora de la vida y su vida de mujer de izquierda, feminista y libertaria, comprometida consigo misma y con el mundo, en sus innovaciones cotidianas y existenciales, y la legitimación de alternativas prácticas convertidas en ética de género para sí misma y para las mujeres. Esta obra única, no le valió a su autora el Premio Nobel.

Reconocer tantos méritos a una obra no conclusiva en un campo tan dinámico y creativo, no implica aceptación de todo lo escrito. No han sido en vano los últimos cincuenta años. La misma Simone de Beauvoir consideró en Final de cuentas que: “El segundo sexo puede ser útil a las militantes, pero no es un libro militante. Yo imaginaba que la condición femenina evolucionaría al mismo tiempo que la sociedad… Y en La fuerza de las cosas dije sobre la condición femenina ‘depende del futuro del trabajo en el mundo, y solo cambiará en serio mediante una transformación de la producción. Por eso he evitado encerrarme en el feminismo’ […] Ahora, entiendo por feminismo el hecho de luchar por reivindicaciones propiamente femeninas, paralelamente a la lucha de clases, y me declaro  feminista”.

Si el umbral del milenio no anuncia reconducciones políticas en la sociedad y la cultura, en las mentalidades y maneras de vivir; si la intolerancia, el fundamentalismo y la misoginia refuerzan su hegemonismo; si la cultura feminista y la construcción práctica de un nuevo paradigma de desarrollo humano no avanzan, podemos imaginar un escenario como el que dibujara Ray Bradbury en Fahrenheit 451. Entonces sería imprescindible conservar para el próximo siglo y el tercer milenio, una obra feminista que sintetice los caminos intelectuales y la manera de construirlos, así como la ética universalizable de su paradigma. Habría que preservar un libro-espejo para superar la orfandad de género y reconocemos como mujeres en una mujer afirmada cuya existencia en completud sostiene cada párrafo del texto. Si sobreviviera, elegiría para hacer vivir en mi memoria El segundo sexo completito, cada página, cada capítulo, con todo y “la discusión sobre el feminismo ha hecho correr mucha tinta; actualmente está punto menos que cerrada; no hablemos más de ello. Sin embargo, todavía se habla”. Busco en mis libreros, recorro bibliografías una y otra vez, y no hay duda: el libro memorable del feminismo es El segundo sexo. Pero si lo que hemos imaginado, inventado y construido desde 1948 hasta la fecha, se abre camino y cuaja, y logramos hacer frente al panorama devastador, podremos reorientar el sentido de la existencia. Si la fuerza de la vida alternativa enraizara y fueran reales los derechos humanos y la igualdad en la diferencia; si la justicia fuese principio ético de convivencia y se eliminaran la violencia y sus causas; si mejorara la calidad de la vida al punto de desterrar la pobreza y la ignorancia; si la buena vida nos acogiera y la libertad de cada quien fuese el bien común, de todas maneras, contribuiría a hacer memorable El segundo sexo. Nuestra historia y nuestras biografías son tan inexplicables sin él, como el futuro.

El segundo sexo es imprescindible para eliminar la política sexual que reproduce un segundo sexo y un primer sexo, y alimenta con ello nuestras miserias. En él se encuentran claves libertarias, lúcidas y vitales, plasmadas en una escritura incisiva, dialéctica y elegante. Una escritura única cuya marca de agua la hace irrepetible. Esta gran obra de la cultura feminista trastoca a quien se adentra en sus caminos y ya ha hecho mella al mundo patriarcal. Para las mujeres es un hito de conciencia y un signo genealógico fundante. Simone de Beauvoir lo sabía: “Si mi libro ha ayudado a las mujeres es porque las expresaba y recíprocamente ellas le han dado su verdad. Merced a ellas ya no escandaliza. Los mitos masculinos se han descascarado en los últimos diez años. Y muchas mujeres-escritoras me han superado en audacia. Muchas de ellas, tienen como único tema la sexualidad; por lo menos para hablar se sitúan como sujeto, conciencia, libertad”.

La escritura de El segundo sexo significó rabias, dolores, conmociones, descubrimientos y goces, y le permitió a Simone de Beauvoir deconstruir y resignificar su visión del mundo, su biografía y su identidad, abrazar sus intuiciones previas, con una mirada renovada y fortalecida de género. Por eso su lectura es un camino de vitalidad, de amor genérico y autoestima feminista. El segundo sexo atesora siempreviva la voz entrañable de Simone de Beauvoir. Es posible encontrarla con solo abrir sus páginas. Cincuenta años después, la frescura de sus mieles nos espera.

  • El segundo sexo es una pieza clave de la obra literaria de Simone de Beauvoir conformada por ensayos (sobre todo en la revista Tiempos modernos), novelas, y un conjunto de libros autobiográficos. A través de la escritura de toda su vida nuestra autora revisitó feministamente su vida y el mundo. Véanse: La invitada (1943), La sangre de los otros (1945), Todos los hombres son mortales (1946), El segundo sexo (1949), Los mandarines (1954), Memorias de una joven formal (1958), La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963), Una muerte muy dulce (1964), Las bellas imágenes (1966), Final de cuentas (1972), La mujer rota (1974), La ceremonia del adiós (1974 ), La vejez (1979). Se han publicado también sus Cartas a Sartre (1990)

 

 

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Por: | Publicada: 6 de octubre, 2021 | Categoría: Desde casa, Especial
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