Eva Perón marcó un antes y un después al proclamar los derechos de las personas +60 el 28 de agosto de 1948. La celebración es una buena excusa para reflexionar sobre un colectivo que fue foco de atención durante la pandemia, pero cercado por prejuicios viejistas.

Cuando el 28 de agosto de 1948 Eva Perón proclamó los “Derechos de la Ancianidad” dirigió la mirada no solo del pueblo argentino sino del mundo entero hacia un sector hasta entonces invisibilizado. Por eso, esta fecha siempre es una buena oportunidad para sensibilizar, llamar la atención y poner en foco problemas sin resolver.

En aquel momento, Evita leyó un decálogo que marcó un antes y un después fronteras afuera y hoy sigue siendo fundamental. Puntualizó los derechos básicos a la asistencia, la vivienda, el trabajo y la alimentación saludable y también a la vestimenta, el esparcimiento y el respeto.

Argentina trasladó esos requerimientos a la Asamblea General de las Naciones Unidas y se transformó en el país pionero en instalar la preocupación global de atender a los viejos y las viejas.

Los derechos que impulsó Evita fueron incluidos en la Reforma Constitucional de 1949 y a partir de su puesta en vigencia se construyeron residencias para personas mayores y se obtuvo la sanción de una ley que otorgaba pensiones a quienes tenían más de 60 y ningún  amparo, acompañando otras medidas sociales puestas en marcha por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Revisar aquel decálogo permite ver en qué medida se respetan en la actualidad esos derechos. “Sería importante poder visibilizar las problemáticas que afectan a este grupo etario como el maltrato psicológico, el abandono, la violencia económica o física y la falta de integración social”, sostiene la médica geriatra Gabriela Gallo.

Escenario de crisis

Hoy la situación es bien diferente a 73 años atrás. Este 2021 encuentra al mundo en medio de una pandemia que concentra sus efectos más negativos sobre las personas mayores.

¿Cambió la irrupción del coronavirus la forma en que abordamos la edad y el envejecimiento? La Universidad Siglo 21 llevó adelante un estudio que analizó los hábitos de personas entre 60 a 80 años en el país. Entre los datos más destacados, observó que la sensación de soledad y malestar aumentó en comparación con 2020, provocó desgano y dificultades para realizar actividades que dan bienestar.

“La pandemia resaltó y expuso las necesidades que tienen las personas mayores con respecto a sus derechos. No solo sobre la salud física, sino también sobre la esfera emocional, produciendo profundos estados de depresión que desencadenaron la aparición de enfermedades neurológicas o incluso llegaron a agravarlas”, destacó Gallo, asesora de la Licenciatura en Gerontología de Universidad Siglo 21.

La preocupación por poner a salvo del Covid-19 a viejas y viejos generó interpretaciones que promovieron estigmas, aislamiento y una mayor vulnerabilidad de quienes se quería proteger. Tal vez por eso, la investigación señala que durante el aislamiento preventivo se acentuó el malestar de personas mayores que no cuentan con un círculo de contención emocional.

Muchos de quienes eran independientes sintieron que ya no lo eran. De pronto se vieron metidos en un grupo en el que no encontraban su lugar. Y para que el distanciamiento social no se convirtiera en exclusión, tuvieron que sumergirse en el universo tecnológico, con tal de no perder conexión.

Una multitud quedó afuera. Así lo confirma el estudio de la Universidad Siglo 21, que afirma que la brecha digital fue un foco de impacto negativo. Quienes no pudieron ingresar al mundo del zoom, whatsapp, entre otras plataformas, perdieron el contacto más cercano con los afectos, pero también la posibilidad de contar con otras cosas prácticas como el delivery.

El informe también dejó a la vista que está más vigente que nunca la histórica falta de reconocimiento social a las personas mayores. Según esos números, es evidente que la pandemia acentuó la marginación, las disparidades sociales preexistentes y las carencias estructurales de larga data.

Para revertir estos síntomas de la época, la experta propone recurrir al “acompañamiento afectivo, que puede mejorar notablemente la calidad de vida de las personas mayores, y requiere de empatía y comprensión”. Y agrega: “Este tipo de acompañamiento se basa en conductas de escucha para que las personas puedan expresarse, predisposición a brindar ayuda y respetar las opiniones, actitudes que aportan tranquilidad, seguridad y bienestar”.

Expansión del envejecimiento

La esperanza de vida se extiende. Los pueblos se vuelven cada vez más longevos. Según datos de la ONU, durante las próximas tres décadas se calcula que el número de personas mayores en todo el mundo se duplicará, hasta llegar a más de 1.500 millones en 2050.

Por eso, hoy más que nunca es necesario poner la mirada en las necesidades de los viejos y las viejas. Eso es lo que proponía Evita aún sin saber que en 2021 el número de personas de más de 60 años supera a las que tienen menos de 5.

El decálogo recuerda que es necesario resignificar a este grupo reconociéndole el rol valioso que tiene. Cambiar la visión edadista que tiene la sociedad y lograr una perspectiva de integración y participación del segmento +60.

“La pandemia permitió poner el foco sobre la invisibilidad de los derechos de las personas mayores. Lo que en cierta medida está generando un cambio de consciencia social en pos de mejorar esta realidad”, observa Gallo.

Este momento significa una oportunidad para asegurar que, como lo quiso Evita, se apliquen los cambios necesarios por parte de instituciones y de la sociedad para mejorar la calidad de vida cuando se peinan canas. Porque llegar a la vejez es un orgullo. Nunca un problema.

 

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Por: | Publicada: 29 de agosto, 2021 | Categoría: Vivir bien
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