“Ojalá podamos tener el coraje de estar solas y la valentía de arriesgarnos a estar juntas”. Con este espíritu un grupo de mujeres se está organizando para vivir en comunidad. La idea toma cuerpo en sintonía con el entusiasmo que les genera compartir la vejez. “Si algún día una no puede llegar al mar, la llevamos entre todas”, dicen con amorosidad.

Las viejas de Cerca del Mar se vieron por primera vez en persona en octubre de este año cuando visitaron Mar del Plata, la ciudad en la que proyectan construir una hectárea de viviendas colaborativas para transitar su vejez de forma comunitaria. Desde el primer abrazo, sintieron que se conocían de toda la vida: “Nos une la necesidad de vivir una vejez libre e independiente, sin ser una carga para nadie”.

En La Feliz se encontraron viejas de diferentes partes del país: Ciudad de Buenos Aires, partidos del conurbano bonaerense, Mendoza y también mujeres de la propia Mar del Plata. El viaje había sido planeado en los “Miércoles de Malbec”, reuniones por zoom que se mantuvieron rigurosamente todas las semanas durante la cuarentena, no solo por el arduo trabajo que lleva la construcción de este proyecto, sino también, y sobre todo, porque se convirtieron en un lugar de refugio, un pequeño oasis de amistad, amor y compañerismo en el medio de la desolación del encierro.

“Nos une la necesidad de vivir una vejez libre e independiente, sin ser una carga para nadie”. Foto Zahira Rivero Norte

Mónica, Laura, las hermanas Carmela y Mercedes, Angie, Clarita, Marcela, Ana María, Gloria y Patricia son algunas de las mujeres que forman parte de este grupo que le busca una vuelta creativa a vivir la vejez. 

Visitar el mar fue un paso enorme en un camino que estas 20 viejas locas, como ellas se denominan, vienen recorriendo desde principios de 2020, cuando la marea feminista se tiñó de plateado y las viejas se subieron a la cresta de la ola.  Para muchas, el feminismo de las pibas fue un empuje para reencontrarse en las calles: “Mientras le hacíamos el aguante a las pibas, empezamos a hablar de lo que nos pasaba a las viejas”, cuentan a Quirón mientras recuerdan las noches de vigilia por el aborto legal. 

La Revolución de las Viejas emergió como el espacio para revivir la llama de una generación que tuvo que aprender a sentirse libre en medio de la dictadura más represiva de nuestra historia, tener el coraje de celebrar el regreso a la democracia y acompañar las luchas de derechos humanos y de las mujeres hasta el día de hoy. En medio de ese torbellino que se desató apenas un mes antes del inicio de la pandemia, la pregunta por la vivienda y los modos de habitar en la vejez se estableció como un pilar central del movimiento. Reunidas alrededor de esa pregunta y aislamiento mediante, el grupo Cerca del Mar comenzó como una red tejida virtualmente, entre videollamadas, grupos de WhatsApp y posteos de Facebook. Algunas son docentes, otras psicólogas o artistas, muchas son madres, pero lo que todas comparten son “las marcas que nos dejó el legado del patriarcado y la seguridad de que para la vejez queremos algo diferente”. 

Cuidar a sus madres y padres significó el primer momento de replantearse qué vejez querían tener. La soledad no deseada, la falta de redes comunitarias que permitan un envejecimiento no geriatrizado, la violencia institucional en los cuidados paliativos fueron alertas para comenzar a construir una alternativa. Pero existe también otro motor que las atraviesa transversalmente: no convertirse en una carga para sus hijas y sus hijos. Cortar con el ciclo de mandatos de cuidado obligatorio, para que nadie tenga que volver a pasar por lo que ellas pasaron. Terminar con la injusticia intrínsecamente patriarcal que involucra la  renuncia de proyectos propios para cuidar y criar. Sobre todo, porque otras formas de existir son posibles.

El grupo Cerca del Mar comenzó como una red tejida virtualmente. Foto Zahira Rivero Norte

Las viviendas colaborativas que imaginan las viejas de Cerca del Mar proponen una convivencia entre espacios privados para conservar la independencia y la intimidad con lugares donde la vida comunitaria tome el lugar protagónico. El proyecto consiste en la construcción de 20 viviendas individuales o para parejas que convergen en espacios de uso común, como un patio con huerta orgánica, pileta, quincho, horno de barro y el infaltable fogón para compartir a la noche. Los espacios comunes también sirven como puente hacia la comunidad por fuera de las viviendas: entre la lluvia de ideas que cae de estas viejas, aparecen propuestas por espacios para que cada una pueda ejercer sus saberes y lograr así una forma de autosustento. 

En contra de un mundo capitalista y patriarcal que excluye a todo aquel que es diferente  -y las vejeces no son una excepción- las viviendas colaborativas son pensadas como un lugar que se adapte a las necesidades y deseos de esa nueva etapa de la vida. La vejez no es inhabilitante en sí misma, sino que es el mundo que solo se organiza en torno al modelo de hombre, joven y productor, que genera un ambiente excluyente y discapacitante para las vejeces. Contra ese modelo responden con una propuesta ecologista, feminista, antiedadista y colectiva. Por todo eso, este proyecto tiene bases profundamente políticas, en donde nada está librado al azar, pero todo tiene una gota de sorpresa.

Foto Zahira Rivero Norte

“No nos creemos superpoderosas ni mucho menos”, avisan por las dudas y enseguida cuenta que uno de los primeros consensos del grupo es que la vivienda deberá estar ubicada a no más de 30 kilómetros de un centro de salud de alta complejidad, para que todo quien lo necesite pueda acceder a los tratamientos necesarios. Sin embargo, la primera red de cuidado se teje entre la comunidad. “La posibilidad de saber que si algo te pasa, con un solo llamado, tenés a un grupo que te va a venir a rescatar. Buscamos saber que podemos contar con las otra”. 

El camino es largo y está lleno de complicaciones. “Nosotras no sabíamos nada, ni de viviendas colaborativas, ni de cómo carajo hacer para lograr vivir juntas”, dicen entre risas recordando los inicios. Con la perseverancia y la fuerza que se les nota en cada mirada comenzaron a formarse, principalmente mediante charlas y talleres organizados desde los grupos Alternativas para Habitar la Vejez y El Movimiento Nacional de Viviendas Colaborativas, espacios de La Revolución de las Viejas que nuclean a este y tantos otros proyectos que se están conformando alrededor del país. Se encontraron, por ejemplo, con que las líneas de crédito están vedadas a personas mayores de 60 años, es por eso que están buscando constituirse como mutual o cooperativa para acceder a un financiamiento de forma colectiva y lograr sanear los baches edadistas que encuentran en el camino. 

Siguiendo las experiencias de personas que viven en comunidad alrededor del mundo, comenzaron a comprender que este proyecto es algo que  va mucho más allá que la vivienda; es una forma de vida. No saben cuánto tiempo falta para mudarse, e incluso algunas con la cabeza gacha se atreven a pensar que quizás no todas lleguen a vivirlo. Pero el cambio de vida ya comenzó, y se les nota. Son capaces de pasarse días enteros juntas sin perder tema de conversación, que pasan desde comentar una canción hasta los debates más profundos sobre política, se mueven de un lado para el otro con una sonrisa enorme y siempre, pero siempre, dándose la mano y teniendo la mirada atenta a que las demás estén bien.  “Construir una comunidad saca lo mejor de vos. Te empodera, te da seguridad y te saca los miedos”. Es un proceso de deconstrucción y reconstrucción total, cada una se está volviendo a conocer a sí misma en una nueva etapa. 

Foto Zahira Rivero Norte

En su encuentro en Mar del Plata redactaron un documento de los fundamentos de su proyecto, que abre con una frase de Eduardo Galeano: “Ojalá podamos tener el coraje de estar solas y la valentía de arriesgarnos a estar juntas”.

Despegarse de las ataduras, los prejuicios y las estructuras a los 65 años para construir otra forma de vida requiere mucho coraje. Pero arriesgarse a vivir con otras, re-aprender a convivir, es de una enorme valentía. De eso se trata, de aprender a envejecer juntas. ¿Y por qué cerca del mar? Para ellas, es obvio:  “No hay nada más lindo que imaginarte con todas tus amigas yendo a caminar a la playa. Y si algún día una no puede llegar al mar, la llevamos entre todas. Porque para eso estamos”. 

 

Escribe

  • Estudiante de antropología de la Universidad de San Martín e integrante del equipo de coordinación de La Revolución de las Viejas.

Compartilo en tus redes

Por: | Publicada: 19 de diciembre, 2021 | Categoría: Especial, Vivir bien
Etiquetas: , , , , .

Notas relacionadas

Volver a Inicio
  1. Moni 20 diciembre 2021 at 18:56 - Reply

    GRACIAS … MUCHA EMOCION LEERLO VUELVE AL 08/12 dia hermoso. Como cada dia que nos reunimos. Hermoso!

  2. Ana Lucia Folini 21 diciembre 2021 at 13:52 - Reply

    Qué genias!!! Hace rato que tengo esa idea. La vengo trabajando. Muchísima suerte!!!!

17 − nueve =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.